Miguel Hernández es mi poeta favorito, por eso, cuando decidí escribir esta saga homenajeando a esos poetas que hicieron mella en mí de tal forma que llegué a aprender de memoria alguno de sus poemas, con Miguel estaba indecisa pues son muchos los poemas que aprendí y que quedaron impresos por su belleza, valentía, fuerza, perfección, etc en mi recuerdo y que marcaron muchos momentos en mi vida. Así que dudando, dudando al final me quedé con tres, bueno cuatro pues "Canción del esposo soldado" también me parece una maravilla. Pero aquí sólo dejaré un breve fragmento de estos tres:
El primer poema suyo que leí y que mi impactó por la fuerza, la valentía y el orgullo:
VIENTOS DEL PUEBLO ME LLEVAN
Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.
Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.
O bien esa nana increiblemente tierna y triste que le dedicó a su hijo cuando su mujer le escribió que se alimentaba de pan y cebolla:
NANAS DE LA CEBOLLA
La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.
En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar
cebolla y hambre.
Y ,claro, la elegía más bella, triste y perfecta que se ha escrito jamás y que no creo que nunca sea superada.
ELEGÍA
Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado
que por doler me duele hasta el aliento.
Sí, en una de estas tres maravillosas poesías se centraba mi pensamiento y sin embargo, hoy, ese día elegído para homenajear a Miguel en mi memoria retumba otro poema, un soneto. Un soneto impecable, como todos los suyos. Un soneto que hacía tiempo no recordaba pero que hoy, seguramente debido a la enorme tristeza que arrastro no se me va de la cabeza y mis sesos me repiten sin parar.
Y es que Miguel tiene un poema para cada uno de mis momentos. También para los de la angustia y pena inmensa, cuando lloro sin límites, cuando sé que él sabedor de mi tristeza ni se apena ni se conmueve ni compadece.
15
Umbrío por la pena, casi bruno,
porque la pena tizna cuando estalla,
donde yo no me hallo, no se halla
hombre más apenado que ninguno.
Pena con pena y pena desayuno,
pena es mi paz y pena mi batalla,
perro que ni me deja ni se calla,
siempre a su dueño fiel, pero importuno.
Cardos, penas me oponen su corona,
cardos, penas me azuzan sus leopardos
y no me dejan bueno hueso alguno.
No podrá con la pena mi persona
circundada de penas y de cardos:
¡cuánto penar para morirse uno!
Gracias Miguel